La historieta argentina, de luto: falleció el dibujante Mario Morhain

Mario Morhain falleció a los 77 años el día 19 de mayo. Y entre su legado artístico, nos queda una genial versión de Frankenstein.

El querido dibujante Mario Morhain falleció ayer jueves 19 de mayo en su casa de Máximo Paz, en Cañuelas, a los 77 años de edad. Nacido el 31 de marzo de 1945 en Capital Federal, es recordado por haber dado vida gráfica entre numerosas historietas a Sabina, Ted Marlow y a la polémica tercera parte de El Eternauta.
También fue conocido como Mario Suárez: adoptó el apellido materno cuando entró a trabajar en Editorial Columba, donde ya era célebre otro Morhain, su hermano Jorge Claudio, por lo cual el editor Antonio Presa le sugirió buscar un pseudónimo.

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Años antes, había colaborado en la Editorial MOPASA de José Alegre Asmar, que publicaba historietas “basadas” en series populares televisivas: S.W.A.T., Kung Fu, Sérpico, Capitán Escarlata, El Zorro, Mujer Maravilla, Mujer Nuclear, Starsky y Hutch, El Planeta de los Simios, Las Calles de San Francisco… “Trabajos bastante malos en calidad -según nos comentó el dibujante en una entrevista exclusiva que invitamos a leer-, pero rápidos en su elaboración y en su publicación antes de que aparezcan las quejas de los canales que las emitían”
(https://www.agencianova.com/nota.asp?n=2020_3_3&id=83833…).
En aquella ocasión en que conversamos con él, tras destacar su versatilidad en cuanto género se vio implicado, nos dio una lección acerca de la naturaleza de la verdadera historieta popular:
– “No tengo un género de historieta preferido. Es que dibujar es la maravilla de la interpretación, del desafío, de la gratificación -si sale aceptablemente bien-. Cada historia transporta al dibujante a un lugar distinto y hace que se nutra de documentación, investigue y aprehenda para su cultura general”.

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“No hay rutina en el dibujo, cada cuadrito es un desafío, cada palabra del guionista hace funcionar la imaginación a full y cada enfoque, cada perspectiva, cada contraste, no se repite nunca. Claro que a veces, por necesidad, por hambre, uno acepta trabajos que resultan malos por su apuro, por su mediocre guión, pero yo siempre he dicho que este oficio de dibujante es tomado como un arte por unos pocos ilustradores, y para la mayoría es una forma de vida, un negocio que acompaña otros negocios como los de Columba, Récord, MOPASA, La Nación o el Diario Popular, o las ventas de cualquier editorial. Hay un público, un empresario, una necesidad y se contrata o compra a un productor que se adapte a aquella necesidad”.
Desde NOVA acompañamos en su dolor a familiares y amigos, y agradecemos al maestro por su invaluable legado comiquero, su característica amabilidad y su eterna paciencia. Nunca lo olvidaremos.

Fuente: Nova