Age of Empires 2: un gamer usó una táctica de Stalin para ganar el juego

En el juego de estrategia las partidas pueden durar largas horas si ninguno de los contrincantes se rinden, pero es ahí donde aparecen algunos trucos innovadores.
El juego que ya lleva más de 20 años en el mercado, sigue siendo muy popular hoy en día gracias a las múltiples actualizaciones que lanza la compañía con mejoras técnicas, tácticas y de diseño.

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Franklin Veaux, un usuario reveló en un portal de juegos cómo pudo ganar una de estas partidas interminables utilizando una “conocida táctica de Stalin”. Así lo manifestó en su propio comentario:
“En una ocasión, pude ganar una partida larga de Age of Empires II usando una táctica sacada del propio libro de estrategias de Stalin. El juego ya tenía horas, todo el oro del mapa se había consumido. Estábamos en un punto en el que teníamos que vender madera y comida para seguir creando ejército y el mapa estaba a punto de quedarse sin bosques”, reveló.
“Ya estábamos estancados y ninguno de los dos podíamos armar un ejército lo suficientemente fuerte para derrotar al otro. Cuando mi adversario intentó, sin éxito, destruir mi aldea con un puñado de caballeros en el que se había gastado todo su oro, tuve una gran idea”, continuó.
Luego, el joven comenzó a crear decenas de aldeanos al punto de llegar al límite de población. Su economía se basó únicamente en granjas para continuar creando aldeanos sin caballería de exploración.
“Fui a atacar con ellos, fue una masacre. Los cadáveres de los aldeanos aparecían por cualquier lado, pero aun así seguía enviando oleadas tras oleadas. Ataqué su economía, destruí sus granjas y campamentos madereros. Fue lento y triste, pero lo pude reducir hasta que, al final, se rindió”.
La relación entre la estrategia de Franklin y la de Stalin es muy similar, ya que en la Segunda Guerra Mundial, el ejército de la Unión Soviética no podía darse abasto en armamento, por lo que muchas veces envió soldados sin rifles y tan solo con municiones.
Estos debían acompañar a otro compañero (que sí portaba un arma) y reemplazarlo, tomando su rifle, en caso de que este caiga en combate.
En muchas ocasiones, como en la batalla de Stalingrado, los soldados estaban obligados a marchar adelante hacia el enemigo nazi, amenazados de ser abatidos si retrocedían, aun si no contaban con arma alguna.